
El cabo Comorín (en inglés: Cape Comorín y en tamil: கன்னியாகுமரி) es el punto más meridional del subcontinente indio. Es un promontorio rocoso localizado al final de la cordillera de los Ghats occidentales, que administrativamente pertenece al estado de Tamil Nadu. Dos mares de borde del océano Índico, el mar Arábigo y la bahía de Bengala, y el propio océano, se encuentran allí. El cabo separa dos importantes regiones costeras de la India: al este, la costa de Coromandel y, al oeste, la costa de Malabar.
El cabo Comorín está localizado en la parte meridional de la ciudad de 20.000 habitantes de Kanyakumari, que debido a su ubicación en el extremo sur de la India es un destino importante de peregrinaje: no lejos del cabo hay una pequeña isla en la que se ha erigido el memorial de Vivekananda con un templo de la diosa de Kanyakumari. El nombre Comorín es una corrupción del nombre tamil Kanniyakumari, que significa «[lugar de la] virgen princesa», que se refiere a la diosa adorada allí.
Aunque el cabo Comorín marca el extremo sur del subcontinente indio, no es el punto más meridional del territorio de la India, que corresponde a la punta Indira (Indira Point) en el grupo de las Islas Nicobar, situada más al sur.
Se supone que el mítico continente de Lemuria se encuentra al sur del cabo de Comorín.
Recogido de el diario montañes.
En el viaje, uno se queda con lo que importa, prescinde de lo superfluo. Cada vez es más lo superfluo, cada vez es menos lo que importa. Cada vez es más lo que se deja, cada vez menos lo que uno lleva». Son palabras de los «Diarios indios», de Chantal Maillard, acaso el mejor compañero de viaje al subcontinente, y desde luego a Kanyakumari, el Finisterre indio, la punta más meridional, donde se mezclan tres mares: el de Arabia, el Índico y el del golfo de Bengala. No es de extrañar que vecinos y forasteros hayan convertido en un ritual asomarse a este balcón sobre el fin del mundo para contemplar el amanecer y la puesta del sol. En las noches de luna llena muchos turistas del espíritu suben a la colina de Murugan Kundram: el crespúsculo del día y la aparición de la luna se pueden avistar de forma simultánea. Ceremonias de exaltación en este cabo que batió el tsunami. Los muy avezados, como las mujeres que se bañan en las aguas inquietas sin quitarse el sari, dicen que son capaces de distinguir los matices de los tres mares que en Kanyakumari («donde la tierra termina») se encuentran y se mezclan formando una misma textura.
Lo primero que asombra al llegar a Kanyakumari, aparte de la inmensidad del océano, es la profusión de templos y monumentos. La mole abrumadora dedicada al padre de la poesía tamil, Thiruvalluvar, autor del «Veda de los tamiles», titulado «Thirukkural», es el primer imán. Parece un faro. Tanto la identidad del poeta como la de la fe a que dio lugar son objeto de controversia: oscila entre el siglo II antes de Cristo y el VIII de la era cristiana, y se le atribuyen tanto ancestros hindúes (de casta inferior, o de la más noble: la de los brahmin) como budistas. El maremoto nada pudo contra la estatua (incluido el formidable pedestal) de 40 metros de alto. El mejor lugar para divisarlo es el templo dedicado al místico y reformista indio Swami Vivekananda, levantado en el segundo islote de piedra que hace de centinela ante Kanyakumari en memoria de los días que el santo -que alcanzó fama internacional tras intervenir en el Congreso Mundial de las Religiones que se celebró en Chicago a fines del XIX- pasó entregado a la meditación.
La carga política (no falta un memorial dedicado a Gandhi) y religiosa es ostensible, como recalca la catedral de Nuestra Señora del Socorro, cuyas agujas neogóticas son una de las señas de identidad de la católica Kanyakumari. Fundada en 1900, la primera misa no se oficiaría hasta 1914. Allí se recuerda la labor evangelizadora de san Francisco Javier, que pisó cabo Comorin en 1542, de ahí que en los Estados del sur, Kerala y Tamil Nadu, se concentre la mayoría de los católicos indios (1,6 por ciento de la población, una gota en la marea hinduista). De los 20.000 vecinos de Kanyakumari, 13.000 son católico
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