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jueves, 5 de abril de 2012

Carta que escribí la primera vez que fuí a India.

Carta desde el Tercer Mundo
Queridos amigos, no podría resumir en unas líneas algo que me resulta indescriptible, la experiencia Misionera del verano pasado en el Sur de India. Llegar a Bombay – el paraíso- y descubrir que soy una persona ruin, un consumista desalmado, un abanderado de la comodidad… Cuestionarme hasta que punto desde mi trabajo, cumplo con las necesidades de los más necesitados, eso que tanto predico. Y descubrir también que mientras cuatro millones de personas sobreviven tirados en las calles de esta ciudad, los carteles publicitarios de Coca-Cola justifican nuestras “necesidades mercantiles occidentales” aún a costa de millones de personas que no disponen de las “necesidades básicas”, agua sanitaria, alimentación, etc… pero aún podemos hacer algo. Aún podemos modificar algo, solo es necesario traducir las voluntades en actos, para que estos no queden en la tierra de los sueños.
Llegar al Sur de India para continuar rodeado de las mismas injusticias y atropellos que desde el Primer Mundo nos permitimos hacia estas gentes. Descubrir gentes sencillas que saben destaparse con transparencia ante nosotros que nos embutimos en sus hábitos de vida sin poder entregar nada a cambio, solo el esfuerzo de unos días de trabajo en los que inevitablemente descubrimos que sus métodos, aunque arcaicos nos hacen innecesarios. Algo me dice que esta experiencia me sirve para facturar muchos de los Valores que en las gentes de India encuentro y que después tendré mucho que batallar contra la vorágine de nuestra sociedad, la de las prisas y la engañosa perfección. Mucho que batallar si realmente se quieren vivir con integridad esos Valores. Una “voz amiga” me dice que esta experiencia me sirve para descubrir que todo es mucho más sencillo si nos lo proponemos, basta con abandonar prejuicios, comodidades superfluas, el miedo al ridículo y aquello que de alguna manera nos coarta, en definitiva es suficiente con dejar fluir los sentimientos verdaderos. Esta es la forma en la que viven la autenticidad las gentes de India.
Avanzamos en el proyecto de Construcción y en nuestras salidas descubro un estado – Tamil Nadú- donde India es pura, sagrada, sublime, ancestral… donde existe una contranatural y maravillosa querencia al pasado, pese a la ocupación asalto, piratería e invasión de los hijos de la Gran Bretaña, ese es el legado de las generaciones venideras y ese apego al pasado es lo que engrandece a sus gentes. Esa lección no debemos olvidarla aun cuando sea difícil y costoso para muchos de nosotros, recuperar la sencillez, porque las cosas sencillas son las más extraordinarias.
Llevar a cabo un proyecto de verano para descubrir lo mucho que se benefician de nuestra pequeña aportación, Centros Comunitarios que permitirán el desarrollo sostenible de algún Poblado, almacenes donde puedan ganarse el sustento cada día los miembros de las Castas más bajas llamados “intocables”, los “hijos de Dios” les llamaba Gandhiji.
Descubro que Tamil Nadú es el lugar perfecto para recrearse en el Hinduismo, donde el rostro de los Templos es una constante llamada, un reclamo, un toque de atención que nos induce a descubrirlos, solo hay que dejarse llevar al ritmo que imprimen sus gentes, pausado y sosegado, sin prisas, que es el ritmo natural del Universo, e ir recreándose en las mismas escenas repetidas; ceremonias, ofrendas, halagos a las deidades, fieles que lanzan bolas de mantequilla a los dioses, otros se quitan un hilo de la camiseta en señal de gracias, otros que aplauden a su Dios, etc… Son ríos de fé y convicción los que bañan un país enamorado de sus dioses , acostumbrado a halagar tanto icóno con ofrendas y rituales en cualquier lugar. Templos donde el Santuario Principal – afortunadamente para la cultura Hindú- no es accesible a turistas y no hinduistas. Es fácil imaginarse a Jesús echando a los mercaderes del Templo porque en India “todo es una cosa”, cada persona es un Universo. Templos donde encontrar mercaderes en cada esquina y donde hasta un elefante adiestrado y engalanado reparte bendiciones a los fieles…
Es conmovedor como viven su religiosidad estas gentes de India, apasiona observar la convivencia de tres religiones tan dispares y aún más el afán de estas gentes de hacernos partícipes de sus celebraciones, de compartir su Vida y costumbres con nosotros de la forma más desinteresada. Podríamos aprender algo de estas gentes y reconocer que muchos de nuestros mayores fueron emigrantes y tuvieron que convivir en otros lugares; como lo son en nuestro país muchos magrebíes, sudamericanos y africanos, a los que no toleramos que realicen los trabajos que nosotros no queremos hacer.
Vagar por las calles de Tuticorin es todo un derroche de sensaciones y emociones indescriptibles, de pronto viene un olor a especias, toneladas de incienso que se queman dejando un olor a Sándalo por toda la ciudad, ahora olor a frutas tropicales, ahora olor a basura, pasa un grupo de mujeres con jazmines recién cortados prendidos en el pelo, el olor impregna de nuevo el aire, etc…
Una experiencia donde descubro que en India el papel de la mujer es fundamental e imprescindible, es de alguna manera venerada por muchas de sus funciones y labores que realiza, el trabajo, la familia… Y la mujer aún saca tiempo para engalanarse con la flor del jazmin y con los saris multicolores que reflejan la alegría con la que estas gentes afrontan las dificultades.
Descubrir en un verano que nuestra sociedad es privilegiada respecto de algún concepto, orden y limpieza fundamentalmente. Las calles de Tuticorin reflejan las ganas de vivir de sus gentes, perderse continuamente de un lado a otro sin prisas, calles polvorientas donde el tráfico es ruidoso y sensacionalmente caótico, anárquico, confuso… miles de personas que caminan por el centro de la calle porque las aceras y colapsadas por las mercancías y variados géneros de las tiendas, guirnaldas de flores y carros de los que tiran bueyes con los cuernos pintados de colores forman parte del decorado de cada rincón, una fenomenal y desarrollada creatividad se manifiesta descaradamente en los carteles que engalanan cada pared…
Comprender algunos gestos en las gentes, el saludo con las manos juntas reverenciando al interlocutor, o el gesto que tienen para decir “si”, ese tierno y dulce vaivén con la cabeza acompañado de una sonrisa, es muy revelador. Un gesto que denota picardía y agradecimiento. Una expresión realmente preciosa y sugerente, que forma parte de nuestra vivencia en India y que invita a descubrir y a descubrirse ante ellos.
Este y otros gestos hacen que en India la felicidad sea un misterio, un principio, una doctrina, un dogma, una forma de vida y que sus gentes nunca pierdan la sonrisa. Conocer la infraestructura de servicios médicos para descubrir que sufriendo enfermedades como la Lepra, sus sonrisas permanecen indelebles. Y descubrir en estos dos meses, que en India, en sus gentes y en mis compañeros – de aquí (India) y de allí (Managua) encontré más felicidad, ternura, cariño y Amor que en ninguna de mis anteriores etapas.
En definitiva una experiencia que me sirve para descubrir que la Vida merece la pena vivirla regalando lo mejor de cada uno a los demás en todos los campos… dejar que sea el corazón el que nos indique donde ubicarnos y no los intereses personales… descubrir que la Vida merece la pena vivirla dejando fluir los sentimientos verdaderos… que la Vida merece la pena vivirla con ilusión, convicción y fé en Él… que merece la pena vivirla con algo de lo que estas gentes de India me transmitieron… caminar con la sonrisa.
Octubre 1999.
Grácias.
Emilio Fernández López.

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